Parroquia de Cristo Rey Alonso de Ojeda, 11 Barrio La Flota 30007 Murcia
Parroquia de Cristo ReyAlonso de Ojeda, 11 Barrio La Flota30007 Murcia

VIA CRUCIS “CAMINO A LA CRUZ, CAMINO DE AMOR”

El Vía Crucis, el camino de la cruz, nos habla de historias entrelazadas.

La historia de Jesús y su Pasión. La historia de quienes, al tomar

postura, eligen ser sus jueces, verdugos, espectadores o amigos. Y

nuestra historia presente; la de tantos hombres y mujeres que, hoy en

día, recorren ese mismo camino y eligen en qué lado van a

posicionarse. Y por supuesto, también la historia de cada uno de

nosotros, siempre en la encrucijada de aprender a vivir como Jesús, o

darle la espalda y contribuir a seguir crucificándolo.

Se nos invita hoy a contemplar el camino de la cruz. A recorrerlo con

Él, no como espectadores, sino, al menos, como testigos. Se nos invita

a subir hasta la Basílica de la Vera Cruz, donde nos espera el “lignum

Crucis”, un fragmento de la Cruz del Señor. Ante él, descansaremos en

silencio, en oración, acogiendo la misericordia y la paz que brotan de

su interior.

+ En el Nombre del Padre 

+ y del Hijo 

+ y del Espíritu Santo.

Señor mío Jesucristo, Dios y Hombre verdadero,

Creador, Padre y Redentor mío;

por ser vos quien sois, bondad infinita,

y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido,

también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno.

Ayudado de vuestra divina gracia,

propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la

penitencia que me fuera impuesta.

Amén.

Primera estación: JESÚS ES CONDENADO A MUERTE

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a  mi pecador.

 

Pilato continuó: «¿Y qué haré con Jesús, llamado el

Mesías?». Todos respondieron: «¡Que sea crucificado!».

Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús,

después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera

crucificado.” (Mt 27, 22.26)

 

Emprender el camino hacia el Calvario, en compañía de Jesús,

es un grito a la esperanza. Es proclamar que la muerte, que

tanto se enmudece, se disfraza y se maquilla, tratando de

esconderla en nuestro mundo, no tiene la última palabra.

Hoy, proclamamos ante el mundo que la entrega de Jesús de

Nazaret, no ha sido olvidada, que sus pasos, son las huellas

por las que queremos transitar, que, su condena, sirvió y

sirve para que el hombre de hoy encuentre la vida, obtenga

la paz.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

 

 

Segunda estación: JESÚS CARGA CON LA CRUZ A CUESTAS

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Yo sólo me gloriaré en la cruz de nuestro Señor Jesucristo,

por quien el mundo está crucificado para mí, como yo lo

estoy para el mundo”. (Gal 6, 14)

 

La cruz, sea de madera, oro o plata...no es simplemente para

contemplarla: ES PARA SEGUIRLA y cuando viene...PARA

ACOGERLA. Nos gusta llevar la cruz como adorno y tal vez

dejamos en el tintero que es signo y recuerdo de la entrega

con más pasión y gratuidad jamás vivida.

Hoy, en nuestra personal vía dolorosa, el Señor, hoy y aquí,

nos sigue diciendo: “quien quiera seguirme cargue con su

cruz y me siga”. ¿Quién no tiene una cruz?

Como cristianos, Señor, sabemos que la fuerza nos viene de

la cruz. Que en ella se esconde nuestra victoria y el secreto

de nuestra felicidad. Ayúdanos a entender el valor del

sacrificio y de la sinceridad de nuestros gestos en favor de

los demás.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Tercera estación: JESÚS CAE POR PRIMERA VEZ

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“El llevó sobre la cruz nuestros pecados, cargándolos en su

cuerpo, a fin de que, muertos al pecado, vivamos para la

justicia.

Gracias a sus heridas, fuimos curados.” (1Pe 2, 24)

 

Y los hombres y mujeres de nuestro tiempo seguimos

desmoronándonos bajo el peso de grandes maderos de

dificultades. Unas cruces...nos vienen. Otras tantas...nos las

buscamos, queriendo o sin querer. Otras, las cargamos injustamente sobre los hombros de los demás.

¡Cuántos miles de hombres y mujeres aplastados por la

depresión y la tristeza, humillados por la violencia y la

explotación! ¡Cuántos caídos Señor en nuestra tierra!

Señor; tú que salvas y levantas al que a Ti te grita, no dejes

que pasemos de largo de aquellos que están en el suelo, bajo

el peso de una cruz. Danos ojos para ver y manos para

levantar.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Cuarta estación: JESÚS SE ENCUENTRA CON SU SANTISIMA MADRE

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre:

«Este niño será causa de caída y de elevación para muchos

en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una

espada te atravesará el corazón».” (Lc 2, 34-35)

 

Desde una esquina, de este Vía crucis, María –tu madre- ha

salido a tu encuentro, y con su presencia te devuelve la

fuerza para seguir adelante. Porque un gesto vale más que

millones de palabras. Un silencio como toda la fuerza del

mundo, y un amor encontradizo inyecta vida.

Y tu Madre, Señor, pone hoy y siempre:

  • El gesto: su presencia en este camino
  • El silencio: la confianza en DIOS
  • El amor: su fidelidad hasta el final.

Jesús; ayúdanos a ser como María a salir de las catacumbas

de nuestra cobardía para dar razón de nuestra esperanza.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Quinta estación: JESÚS AYUDADO POR EL CIRINEO

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Ayudaos mutuamente a llevar las cargas, y así cumpliréis la

Ley de Cristo.” (Gal 6, 2)

 

El sufrimiento ajeno produce temor, temblor y –a vecesindiferencia. Pero el sufrimiento de JESÚS pide ayuda y

colaboración, servicio y alianza, fraternidad y solidaridad.

Hoy ¡todos somos cirineos! Con nuestra presencia y con

nuestra oración. Empujamos desde aquí, con nuestra

contemplación y súplica, a otras tantas cruces anónimas y

conocidas, lejanas o cercanas en el espacio donde vivimos.

Siempre será mejor dar que recibir, entregar la vida en lugar

de querer salvarla .

Ayúdanos, Señor a construir un cielo nuevo y una tierra

nueva arrimando y brindando nuestro hombro en toda

situación que nos parezca injusta.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Sexta estación: LA VERÓNICA ENJUGA EL ROSTRO DE JESÚS

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Despreciado, desechado por los hombres, abrumado de

dolores y habituado al sufrimiento, como alguien ante quien

se aparta el rostro, tan despreciado, que lo tuvimos por

nada.” (Is 53, 2-3)

 

Sólo cuando consolamos y animamos a los que sangran

podemos descubrir en nuestro pañuelo el rostro de CRISTO.

Tranquilizar al que sufre... es descubrir a CRISTO doliente.

Ayudar al que se cae... es levantar a Jesús caído. Escuchar al

deprimido... es sentir el susurro del mismo DIOS. Secar las

lágrimas del que llora...es poner el hombro al Nazareno.

Hoy, como ayer, todos podemos pintar el mejor lienzo de

DIOS para nuestras casas y para nuestras vidas: haciendo el

bien sin mirar a quien. El amor gratuito se da sin condiciones

y sin mirar situaciones: simplemente... se regala.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Septima estación: JESÚS CAE POR SEGUNDA VEZ

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Mientras los judíos piden milagros y los griegos van en busca de sabiduría, nosotros, en cambio, predicamos a un Cristo crucificado, escándalo para los judíos y locura para los paganos, pero fuerza y sabiduría de Dios para los que han sido llamados, tanto judíos como griegos. Porque la locura de Dios es más sabía que la sabiduría de los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que la fortaleza de los hombres.” (1Cor 1, 22-25)

 

La vida de todos nosotros, a la corta o a la larga, está marcada por heridas profundas: soledad, fracaso, desprecio, falta de afecto, decepciones.

Queremos salir de un agujero, e irremediablemente nos precipitamos en otro. Pretendemos sonreír y lloramos; ansiamos levantarnos y, de nuevo, caemos bajo las cosas y los defectos de siempre. No nos dejes, Señor, despeñarnos en el fatalismo de la propia debilidad; no nos abandones aparcados en la insensibilidad; en dar por bueno lo que es mediocre; en ver como virtud lo que es defecto. No dejes, Señor, que se endurezca la piel al peso de la cruz de cada día. No podemos estar en el suelo. Hay que levantarse y regresar de situaciones que son contradictorias a la vida cristiana.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Octava estación: JESUS ENCUENTRA A LAS MUJERES DE JERUSALÉN

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Pero Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: «¡Hijas de

Jerusalén!, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos. Porque si así tratan a la leña verde, ¿qué será de la leña seca?».” (Lc 23, 28.31)

 

Nunca, nadie como Cristo, dio un papel tan protagonista a la

mujer. Quiso beber del cántaro de la Samaritana; perdonó a la

que tanto amó; resucitó al hijo de aquella que le pedía con FE; se

dejó embalsamar y querer por ellas........

Perdón SEÑOR:

Por no escuchar el llanto de los que sufren.

Por vivir de espaldas a la recta conciencia.

Por no ser agradecidos con el trabajo de tantas mujeres.

Por los maltratos que producen tantas muertes.

Por las condenadas injustamente a la violación de sus

derechos.

Tú que al pie de la cruz nos dejaste como Madre a una

mujer...haznos trabajar por la igualdad de hombres y mujeres

¡háblanos Señor! para que en la defensa de la dignidad de cada

persona no nos quedemos en simples palabras.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Novena estación: JESUS CAE EN TIERRA POR TERCERA VEZ

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Al ser maltratado, se humillaba y ni siquiera abría su boca:

como un cordero llevado al matadero, como una oveja muda

ante el que la esquila, él no abría su boca.” (Is 53, 7)

 

Sólo tropieza quien anda Señor, pero, te confesamos, que

nosotros estamos en un constante accidente.

El camino del justo siempre resulta duro y pesado. Y el camino

de muchos de nosotros, en cuantas ocasiones, se hace plomizo y

enredado por el peso de nuestras malas acciones.

¡Es fácil mirar a la cruz! ¡qué difícil resulta subir a ella!

¡Es fácil llevarla unos metros¡¡qué ingrata se hace cuando caemos debajo de ella!

El caer, no es malo. Lo negativo es cuando no somos

conscientes de que estamos arrastrados y de las veces que

dinamitamos a los demás para que caigan. ¡Cuántas veces

decimos “yo tengo la conciencia tranquila” cuando, lo

importante, es “tenerla limpia” además de en calma! Ayúdanos

Señor a aprender a levantarnos en todas nuestras caídas.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Decima estación: JESUS DESPOJADO DE SUS VESTIDURAS

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa «lugar

de la Calavera», le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó,

pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados

sortearon sus vestiduras y se las repartieron.” (Mt 27, 33-35)

 

Tú te empeñaste en desnudarte de la vida........para vestir al

hombre con la eternidad. Nosotros nos empeñamos en

engalanarnos, para aparentar una felicidad que nunca llega.

Queremos vivir como hermanos...y nos despojamos de la PAZ que

es el manto de la fraternidad. Queremos compartir nuestros

bienes........y acumulamos trastos como si fuéramos a vivir

definitivamente en la tierra

Nunca, un cuerpo tan desnudo, irradió tanta riqueza: A la vida

venimos limpios de todo ropaje, y al final de ella, todo lo que

hemos conquistado, todos nuestros bienes, no nos pueden

añadir ni un solo segundo para seguir existiendo. Tan sólo la

CARIDAD, es pasaporte que no caduca para entrar en el cielo.

Ayúdanos Señor a despojarnos de todo lo que nos impide

entregar la vida.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Undecima estación: JESÚS CLAVADO EN LA CRUZ

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Al llegar al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron allí, y con

él a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda..” (Jn

19,17)

 

Ninguno de los que te hemos acompañado te vemos como

fracasado. Nos has atraído hacia Ti como el imán se hace con el

hierro.

Te abandonaron y te insultaron, te clavaron y te traspasaron... pero, después de muchos siglos, nosotros SEÑOR seguimos creyendo en tu TRIUNFO por la cruz y en la cruz. Sabemos que ese doble madero es un trampolín que en el amanecer de nuestra vida nos disparará hasta la eternidad. Supiste perdonar... al que te negó. Supiste amar... al que te traicionó.

Que veamos, Señor, desde lo alto de la cruz, el horizonte de las

grandes o pequeñas hazañas que realizamos a favor de los demás. Es mejor dejarse clavar, que clavar a los demás Es mejor callar, que hablar de los demás. Es mejor sufrir, que hacer sufrir. Es de cristianos, acompañar en la cruz, y no poner más peso sobre ella.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Décimo segunda estación: JESUS MUERE EN LA CRUZ

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, Jesús clamó con voz

potente:-«Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.» Que significa: -«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» Algunos de los presentes, al oírlo, decían: «Mira, está llamando a Elías.» Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo: «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»

Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.” (Mc. 15, 33-37)

 

“HACEMOS UN MOMENTO DE SILENCIO”

 

No nos salva Señor tu cruz... sino el amor que ha muerto en ella. No nos salva, Señor, un madero... sino la sangre que has derramado en ella. Tu camino, Señor, nos conduce a la luz de quien se fía de Dios.

Nos descubre la fidelidad al servicio del hombre y por el hombre.

SEGUIRTE A TI SEÑOR... no es querer ser mejor: ES QUERER SER DIFERENTE. Es apostar por un mundo nuevo donde brille la VIDA antes que la MUERTE.. La generosidad antes que el egoísmo. No nos duela “morir en algo” por los demás. ¿En qué puedo morir un poco por el otro? Que aprenda yo también a morir por amor.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Décimo tercera estación: JESÚS BAJADO DE LA CRUZ

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Porque Dios quiso que en él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz.” (Col 1, 19-20)

 

Todo se ha cumplido y no nos queda sino recoger, ayudando a

María, el cuerpo de Jesús. Su misión ha sido culminada. La

obediencia llevada hasta el extremo. La cruz alzada. El cuerpo

traspasado. Los ojos cerrados. La sangre congelada. Es la hora de recoger la fruta que ha sido exprimida. No hay mayor grandeza que la VIDA OFRECIDA.

No hay mayor testimonio que EL MORIR PARA QUE OTROS TENGAN VIDA No hay puerta que se resista en el cielo al grito de: ¡¡MISIÓN CUMPLIDA!!

¿Bajar de la cruz? ¿A quién? ¿Por qué? Sí; a Cristo no lo podemos dejar en la cruz. Ni a Él, ni a nuestros hermanos. Para que el grano dé el ciento por uno, hay que saber enterrarlo bien. No pisotearlo.

¿Bajar de la cruz? Y, hoy, más que nunca. No necesitamos a un

Cristo muerto. Lo queremos vivo y resucitado. ¡Bajémoslo!

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

Décimo cuarta estación: JESUS PUESTO EN EL SEPULCRO

V/. Te adoramos Cristo y te bendecimos.

R/. Que por tu santa Cruz redimiste al mundo y a mi pecador.

 

“Jesús les respondió: «Destruid este templo y en tres días lo volveré a levantar». Los judíos le dijeron: «Han sido necesarios cuarenta y seis años para construir este Templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Pero él se refería al templo de su cuerpo. Por eso, cuando Jesús resucitó, sus discípulos recordaron que él había dicho esto, y creyeron en la Escritura y en la palabra que había pronunciado.” (Jn

2, 19-22)

 

Caminar con Jesús es correr su misma suerte.

Descansa, Señor; descansa unas horas. Para que, después de unas horas y al tercer día, sepamos descubrir que, en el sepulcro vacío, está la verdad de todo lo que nos dijiste estando con vida.

Descansa, Señor; descansa por unas horas. Y cuando las tinieblas parezcan tener la palabra definitiva, entonces Tú, Señor, saldrás victorioso del sepulcro para decirnos que la muerte ha sido vencida. Que nuestra vida, presente y futura, está contigo asegurada.

 

V/. ¡Señor!, pequé:

R/. Ten piedad y misericordia de mí.

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