Parroquia de Cristo Rey Murcia
Parroquia de Cristo Rey Murcia

María Mompean Capel

Quiero agradecer a vuestro párroco D. Francisco su invitación para presidir esta misa exequial por el alma de nuestra hermana María. Bien sabéis todos de la amistad y el afecto mutuo que nos teníamos. La conocía desde hace treinta años, siendo párroco de esta Parroquia de Santa María de Guadalupe.

 

María Mompeán Capel, hija de Manuel, agricultor, y de Concepción (Pura), dedicada a las labores de la casa,  nació en Guadalupe – Murcia, el día 20 de enero de 1920, contaba con la edad de 92 años, tiempo que no ha sido inútil, ni lo ha pasado en balde por esta vida. Ha dejado una gran estela de bondad y santidad. Ya desde los diez años se sentía inclinada a la vida religiosa, escuchaba con atención todas las catequesis y gustaba hablar del Corazón de Jesús y del amor de Dios a la humanidad. El día de la fiesta del Corazón de Jesús, con doce años, hizo sus votos personales de pertenecer al Señor. Ella repetía: “Mi único deseo es ser fiel hasta que Él me llame”, lo que ha cumplido con creces y de modo ejemplar.

 

      ¿Qué decir de esta mujer buena?  Yo creo que santa.

      ¿Por dónde empezar y qué destacar de su vida? Es difícil concentrar en pocas palabras la riqueza espiritual de toda su vida. El tiempo nos permitirá ir desgranando y disfrutar de la obra de Dios hecha realidad en ella.

 

      María era una mujer discreta, diminuta, humilde, amable, de fácil trato, con su risa natural llena de bondad, con una apariencia débil, pero con una gran fuerza de espíritu y carácter, en quien se ha hecho realidad la grandeza de Dios. En ella se cumple el Magnificat cuando la visita de María a su prima Isabel: “… porque ha mirado la humildad de su sierva… Derribó de sus tronos a los poderosos y ensalzó a los humildes. Colmó de bienes a los hambrientos y a los ricos despidió sin nada…” (Lc. 1, 46-55). Ella lo ha dado todo y se ha fiado de Dios, como aquella “viuda pobre que echó dos reales” y que supuso una alabanza por parte de Jesús: “Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir”. (Mc. 12, 41-44). Ella que se consagró a Dios, fue pobre, vivió pobre y ha muerto pobre, por eso en ella se cumple la bienaventuranza: “Dichosos los pobres en el espíritu, porque suyo es el reino de los cielos”. (Mt. 5, 3).

 

      María ha sido una mujer de oración, que no excluía la intercesión por todos, de contemplación, de encuentro con Dios en el silencio, atenta en la escucha y meditación de la Palabra de Dios, una mujer enamorada de Dios, que supo hablar con Dios para hablar de Dios. Ha sido nuestro pulmón que nos ha permitido respirar a todos aquí en la tierra, sobre todo en los momentos más difíciles.   

 

    Como humanos que somos, nos entristece no tenerla entre nosotros,  ella que tanto ha amado y ha orado por todos. Pero también nos alegra que se vea cumplido su deseo de pasar de este mundo al Padre, para ver a Dios “tal cual es” y que no cabe duda que así será y se cumplirá: “Dichosos los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios” (Mt. 5, 8); cómo nos alegra tener la certeza de que por la comunión de los santos, tendremos una gran intercesora que abogará por todos desde el cielo.

 

      Ha amado con un amor sincero y con afecto de hija a la Iglesia, santa por quien la fundó y pecadora porque la formamos todos nosotros pecadores. La Iglesia,  que la acogió en su seno por el Bautismo y la Confirmación, ha sido una madre para ella fortaleciéndola y consolándola con sus sacramentos: Penitencia, Eucaristía, Unción de Enfermos. A esta Iglesia que ella a su vez sirvió en los más pobres y débiles: los enfermos como al mismo Cristo “estuve enfermo y me visitasteis; en la cárcel y vinisteis a verme” (Mt. 25, 36).

 

      Ha amado con ardor, tratado con respeto y veneración la Eucaristía. Cuantas horas de adoración en la capilla de su parroquia, en su hogar pobre y sencillo, como en la capilla-oratorio de las Activas del Apostolado Social, donde pasó sus últimos años. Yo creo que no ha dejado ningún día sin recibir a Cristo presente en la Eucaristía. Incluso en su etapa final, en la que experimentó de un modo más agudo la cruz y el sufrimiento en su enfermedad y dependencia y que llevó con ejemplar paciencia y buen humor. Dolor que se acentuó y que vivió en la suerte de su familia: enfermedad y muerte de sus padres a quiénes adoraba, el accidente y muerte de su tío el P. Capel S.J., como la de su sobrino, su hermano Antonio y su cuñada Paquita, con la que se sentía muy unida y con la que compartía con discreción todos los sufrimientos que a veces los seres humanos por nuestra forma de ser provocamos en los demás. En esto y muchas cosas compartió con Cristo doliente el sufrimiento, la cruz, el dolor,… por eso también participará de la gloria y resurrección prometida y que profesamos en Jesucristo

 

      Cuando tuvo que dejar su querida casa de la Ctera de La Ñora, hace unos cuatro años, pasó a vivir a Murcia a la casa de San José de las Activas del Apostolado Social a quiénes agradecemos su servicio, su comprensión, su disponibilidad y cariño para que se sintiera como en su casa de Guadalupe.

 

      Su vida no ha transcendido más allá de los que hemos tenido la suerte de conocerla y tratarla, pero si creemos en la fuerza del Espíritu de Dios, experimentaremos como su vida, al igual que “ si el grano de trigo no cae en tierra y  muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto”(Jn. 12,24 ) o “el grano de mostaza que cuando se siembra en la tierra, es más pequeño que cualquier semilla que se siembra en la tierra; pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra” (Mc.4, 30-32), se hará grande y notaremos a Dios en nuestras vidas a través de esta mujer sencilla, que sin pasar por las aulas universitarias nos ha dictado una gran lección magistral a tener en cuenta.

 

   No se abrirá ningún proceso de beatificación, ni canonización, pero no olvidemos que el Espíritu de Dios no se deja atrapar ni encerrar en cauces formales ya que “sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu” (Jn. 3, 8). Estemos atentos a este Espíritu que nos puede sorprender, porque tenemos la certeza de que es una mujer santa. Esto nos ayuda a comprender un poco mejor la solemnidad que la Iglesia, como madre; tiene en su liturgia, la fiesta de Todos los Santos, porque ella es una de las personas que ha entrado a formar parte “de los mejores hijos e hijas de la Iglesia” (Prefacio).

 

      María, muchas gracias por tu oración por todos y de modo especial por los sacerdotes, gracias por tu segura intercesión ante Dios por todos y cada uno de nosotros. Tenemos la certeza de que en la presencia de Dios, su gran amor, nos recordará a todos para que nos mantengamos firmes en la fe, seguros en la esperanza y constantes en el amor, dentro de la Iglesia, como ella deseaba.

 

      Contamos con la inestimable ayuda de la Virgen, Santa María de Guadalupe, tan querida para ella, que nos ayudará, como dijo en las bodas de Caná (Jn.2, 1-12)  “a hacer lo que Jesús, Camino, Verdad y Vida”(Jn. 14,6), nos diga.

 

      Que descanse de sus fatigas, dolores, sufrimientos. También las almas santas se sienten, a veces, atormentadas y angustiadas,  como dice el salmo 72: “Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón y he lavado en la inocencia mis manos? ¿Para qué aguanto yo todo el día y me corrijo cada mañana? Meditaba yo para entenderlo, pero me resultaba difícil; hasta que entré en el misterio de Dios,…”. Que pueda ver cumplida la palabra : “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os daré descanso” ( Mt. 11, 28 ).

Y para todos nosotros, peregrinos en este mundo, “Que el Señor tenga piedad y nos bendiga (Salmo 66). Ilumine su rostro sobre nosotros y nos conceda su favor. El Señor se fije en nosotros y nos conceda la paz”. ( Nm. 6,22-27).

Así sea.

 

       (De la homilía en las Exequias de María Mompeán Capel, celebrada en la Parroquia    de Santa María de Guadalupe – Guadalupe, el día 12 de noviembre de 2012).

www.parroquiadecristoreymurcia.es  (En el apartado In memoriam).

 

 

                                                                      Salvador Soler Chico

                                                                      Párroco de Cristo Rey - Murcia

 

 

 

                                 Ver escritos  de  María Mompeán

 

 

 

Obras del Templo

En fase de elaboración de ofertas por las empresas que optan a la adjudicación.

Inicio de las obras en junio de 2018

PROYECTO Y MEDICIONES
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ORACIÓN DIARIA:

 

De lunes a viernes de 11:00 a 13.00 h.

 

 

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO

 

De septiembre a julio, los jueves antes de la Eucaristía y viernes a partir de las 20:00 hs.

 

Horario de distribución de alimentos :
Los martes (excepto festivos),

de 18:00 a 19:00 h.
El acceso al despacho de caritas es por C/ Marqués de la Ensenada, frente al estanco.

Cursillos prematrimoniales fin de semana.

Días 16, 17 y 18 de noviembre de 2018

 

 

 

Ver información....

CALENDARIO DE ACTIVIDADES PASTORALES 2017/2018
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Grupos de Pastoral

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          Ver Grupos de colaboración

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17 de mayo. Jueves 20:15 h.

Reunión de la Junta Pro_Construcción

 

20 de mayo.

Domingo de Pentecostés

Primera Comunión niños y niñas del grupo de Elena Iglesias

 

25 de mayo.

Clausura de los cursos de catequesis con Misa en la Fuensanta.

 

27 de mayo.

Celebración de la Santísima Trinidad.

Primera Comunión niños y niñas del grupo de Mª Jesús Fernández

 

3 de junio.

Corpus Christi

Misa con todos los  niños y niñas que han recibido

la Primera Comunión.

Nuestra Diócesis

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