Ana Méndez España (Anita)

 Hace unos treinta años que pasando unos días de convivencia con un grupo de jóvenes de Cehegín en el camping de Bolnuevo y aprovechando que estaba de párroco en el Puerto de Mazarrón mi compañero José Antonio Moreno Granados, tuve la oportunidad de conocer a Ana (Anita) Méndez. Desde el primer momento las puertas de su casa se abrieron y enseguida encontré acogida y hospitalidad. Una mesa siempre preparada con cariño como muestra de fraternidad y servicio.

 

              No hace mucho leíamos en la liturgia el relato evangélico “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser”. Y “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo, 22,34-40).

En ella siempre encontré el ejemplo concreto que daba vida a ese texto del Evangelio.

Amó a Dios, aunque a veces se preguntara ¿dónde estás Señor?; amó a su Iglesia y la sirvió con amor, aunque siempre deseó que se purificara de sus pecados y fealdades, para que tuviera un rostro joven y hermoso.

Fue una mujer muy religiosa pero en su justa medida. Estaba donde tenía que estar. Contrastaba su discreción y a veces timidez, con su fuerte carácter de mujer luchadora y fuerte que puso en Dios su esperanza.

 

              Amó a Dios en el prójimo: “abría sus manos al necesitado y extendía el brazo al pobre” (Proverbios 31,20).

Fue una gran colaboradora con todo tipo de iniciativas solidarias y benéficas y gran artífice y piedra importante en la gestación, gestión y desarrollo del Patronato Jesús Abandonado, que no precisa de ningún tipo de presentación. ¡Ahí está esa gran obra¡ ¡Qué les pregunten a los Hermanos de San Juan de Dios, al personal de la casa, como a  tantos colaboradores y voluntarios¡

 

              Con corazón de madre cuidó y atendió a los Sacerdotes en la Casa Sacerdotal, e incluso a algunos en etapas muy delicadas. Recuerdo entre otros a D. Manuel Pereira y a D. Manuel Sánchez, que en su día fueron Vicarios Episcopales de la ciudad de Murcia y la Zona de Lorca.

Con una exquisita dedicación y ternura sirvió y atendió en muchos aspectos (alimentación, limpieza, ropero,…) al entonces obispo de la Diócesis D. Javier Azagra, que residía y reside en la Casa Sacerdotal. Cuántas veces recuerdo que estando el grupo de amigos (el grupo de la linterna) cenando en su apartamento, se levantaba de la mesa e interrumpía su cena para atender a D. Javier que en ese momento venía de sus compromisos Pastorales.

 

             Mujer incansable, sacrificada y generosa con su tiempo, con su dinero y con su ayuda personal. No había pereza  ni excusas ante la necesidad. La Parroquia de San José del Puerto es conocedora de su trabajo en Caritas, así como su colaboración en la Parroquia con discreción y sencillez. Aceptando el servicio que le asignaban.

 

 

              Mujer luchadora y trabajadora para afrontar su situación familiar. Desde muy joven quedó viuda de Antonio Sáez, teniendo que sacar adelante el hogar y a sus hijos.

Hemos escuchado que los cristianos estamos cansados de maestros, lo que la Iglesia necesita son testigos. Anita ha sido un testigo de la entrega, de la caridad, del compromiso. Necesitamos a esas personas que encarnen valores propios del Evangelio y ella lo fue. Ha sido un ángel de Dios entre nosotros y en la tierra.

 

              ¡Cómo se agradece que existan estas personas en un mundo que tiene muchas cosas buenas, pero que también está golpeado por la violencia, la insolidaridad, la falta de amor y de compromiso¡

Su amor y fidelidad a la Iglesia no estaba exento de un sentido crítico, pero una reflexión crítica sana y llena de amor, con el único interés de que nos purificáramos tanto las personas, como las instituciones eclesiásticas, políticas, sociales,…

 

               Siempre la recordaré y me será inevitable no recordarla cuando proclame o lea el sermón de las Bienaventuranzas: “Dichosos los pobres en el espíritu,… dichosos los que lloran,… dichosos los sufridos,… dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia,… dichosos los misericordiosos,… dichosos los limpios de corazón,… dichosos los que trabajan por la paz,… dichosos los perseguidos… Dichosos cuando os insulten y os calumnien de cualquier modo por mi causa. (Mateo, 5, 1-12).

Ha sido una mujer que ha sufrido a lo largo de su vida por la miseria y la ingratitud humanas, que no han sabido reconocer  y valorar su trabajo, pero siempre puso  en Dios su esperanza. Por eso, será consolada, de ella será el reino de los cielos, alcanzará misericordia, verá a Dios, se llamará hija de Dios, …

Este Dios en quien ha puesto su esperanza y que la sostiene no la va a defraudar y le permitirá “verle tal cual es” (I Juan 3, 1-3), al tiempo que la compensará a manos llenas por las decepciones que haya sufrido en esta vida.

 

              ¡Gracias Ana por todo lo bueno que has sembrado entre nosotros¡ ¡Gracias por haber hecho un mundo mejor¡ Todo lo que has sembrado en este mundo de bondad, servicio, ayuda, … de modo callado y anónimo y que nosotros desconocemos, aunque Dios sí lo sabe, fructificará como el grano de trigo que cae en tierra y produce fruto: “Yo os aseguro que el grano de trigo seguirá siendo un único grano, a no ser que caiga dentro de la tierra y muera; sólo entonces producirá fruto abundante” (Juan, 12, 24).

 

             Tus hijos, Hilario y Leonor, tus nietos, tu familia,… se pueden sentir orgullosos de su madre, de su abuela, de su ser querido porque les has dejado un buen testamento: el testamento del amor encarnado entre los más sencillos. Herencia que se irá agrandando cada vez más con el paso del tiempo. Así son las cosas de Dios,  de lo pequeño y lo que no cuenta, surge una gran obra: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humildad de su sierva. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones,…” (Lucas, 1, 47-48)  La echaréis en falta ya que el amor de una madre es tan especial y singular que es irremplazable.

 

             El martes día 25 de octubre, pese a su salud delicada, estuvo por la mañana junto a su hermana Ginesa buscando ayuda económica y colaborar con las Religiosas Combonianas en Etiopía para comprar cunas y mosquiteras que obsequiarían a las madres nativas que iban a dar a luz. Cuando llegó a casa se sintió mal y hubo que ingresarla por Urgencias en el Hospital Virgen de la Arrixaca. Consciente de su gravedad, pidió recibir el sacramento de la Unción de los Enfermos que yo mismo le administré. En la madrugada del jueves día 27 de octubre de 2011, rodeada del cariño y afecto de los suyos y confortada con los sacramentos de la Madre Iglesia a la que tanto sirvió y amó, recibió a la hermana muerte, de la que ningún viviente escapa de su persecución.

 

              Dios sabrá actuar en justicia, no nos quepa la menor duda, porque no ha pasado sin más por la vida, ha dejado mucha huella en las personas allí donde ha estado. En nuestro corazón ya tiene un rincón preferente, ahora falta que nosotros también sepamos considerar y dejar constancia de alguna manera o forma de su enorme labor social y cristiana. ¿Hay en su querido pueblo del Puerto de Mazarrón algún lugar o calle que reconozca tanta generosidad? Espero que la Corporación Municipal o a quien corresponda considere a una de sus hijas que ha dejado claras muestras de su valía, para orgullo de su pueblo, estímulo para las nuevas generaciones y satisfacción del Puerto que en justicia sabrá reconocer el mérito de sus ciudadanos.

 

               Aunque sabemos que estás en buenas manos y que ya formas partes de los mejores hijos de la Iglesia, notaremos tu ausencia y te echaremos en falta. Sigue ayudándonos para que también nosotros sigamos a Jesús, el Camino, la Verdad y la Vida (Juan, 14, 1-6).

 

               Jesús nos precedió en el dolor, sufrimiento (¡con qué elegancia y discreción llevaste el tuyo en los últimos años¡) y la muerte, pero no quedó ahí, sino que la fuerza del Espíritu de Dios lo resucitó. Esta es nuestra fe y esperanza: Jesucristo, muerto y resucitado. Que así como disfrutabas contemplando el mar en el paseo del Puerto en la esquina de las tres palmeras, Dios te conceda un gran mirador donde puedas contemplar la felicidad sin fin. Que así sea.

 

               Seguiremos contando con tu ayuda en nuestro caminar por esta vida con sus alegrías y sus penas, con la salud y la enfermedad para poder presentar a Jesucristo y del que aprendiste algo muy bello:” Me refiero a Jesús de Nazaret, a quien Dios ungió con Espíritu Santo y poder. El pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos por el demonio, porque Dios estaba con él.” (Hechos, 10, 38).

 

            Que descanses de tus fatigas que tus obras te acompañan:”Dichosos desde ahora los muertos que mueren en el Señor. De seguro, dice el Espíritu, podrán descansar de sus trabajos, porque van acompañados de sus obras.“(Apocalipsis, 14, 13)

                 Si vivimos, vivimos para Dios; si morimos, morimos para Dios

                En la vida y en la muerte, somos de Dios. (Himno)

 

                    Salvador Soler Chico

                   Párroco de la Parroquia de Cristo Rey

                  Murcia

Jornada Mundial de los Pobres

Domingo 18 de noviembre de 2018

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ORACIÓN DIARIA:

 

De lunes a viernes de 11:00 a 13.00 h.

 

ADORACIÓN AL SANTÍSIMO

 

De septiembre a julio, los jueves antes de la Eucaristía y viernes a partir de las 20:00 hs.

 

Horario de distribución de alimentos :

Los martes (excepto festivos),

de 18:00 a 19:00 h.
El acceso al despacho de caritas es por C/ Marqués de la Ensenada, frente al estanco.

Grupos de Pastoral

Si deseas colaborar en algún Grupo de Pastoral comunícalo a la parroquia.

                             

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Nuestra Diócesis

Carta Pastoral

"Edificados en Cristo" 

Mns. Lorca Planes

 

En el curso 2016-17 publiqué el Plan de Pastoral para cuatro años y decía en la introducción que nuestro programa pastoral sería el Evangelio...

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Revista Diocesana

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